Los ocho brazos de los pulpos cuentan con ventosas y convergen en el cuerpo del animal; en su punto de convergencia presentan la boca provista de un pico córneo. En la cabeza se alojan los ojos, muy desarrollados, el cerebro y los corazones. En el manto se ubican el resto de vísceras, como el depósito de orina que emplean para escapar de sus depredadores; también cuentan con un sifón, el cual a diferencia de los calamares, puede cambiar de dirección, con el que expulsa una gran cantidad de agua, impulsándose así a gran velocidad.
Cada uno de sus brazos se conecta con un cerebro muy desarrollado que depende del principal, los cuales usa para controlar sus brazos.
